Correr con un bonete
10 cosas que me hicieron crecer este año.
Desde hacía años que discutíamos la idea de cuidar una mascota. Yo quería adoptar cualquier pichicho tirando a medianito, cuanto más pinta de cruzacalle mejor. Él quería un Border Collie pero descartó la idea cuando se enteró que ese ADN canino es incompatible con un estilo de vida medianamente tranquilo. Un galgo cumplía con mi requerimiento de adopción y sus estándares de hegemonía, así que habíamos llegado a un punto intermedio.
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En Abril nos mudamos a un departamento mucho más grande que el anterior. Axel empezó a seguir cuentas de rescatistas. Yo estaba agotada después de un año de llevar a cabo la reforma mientras seguía trabajando, no quería saber nada. Estaba haciendo malabares con 35 naranjas al mismo tiempo y no me entraba en la cabeza hacerme cargo de nada más.
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Hicimos entrevistas donde nos contaron que los galgos se la pasan durmiendo. Yo seguía sin convencerme hasta que me mostró este video porque le gustaba la atigrada y yo la vi a ella. Esa cara de Dobby fue un flechazo. Para que se me pase más rápido la última semana antes de que llegue me compré una máquina de escribir y preparé este identikit para denunciar que se había robado mi corazón.
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Tenía miedo de todo, incluso nos tenía miedo a nosotros. Descubrimos que tenía personalidad mas bien de gata y a mí eso, en secreto, me gustaba mucho. Tenía una batería social reducida y no era como un Golden Retriever de esos que te festejan todo lo que haces. Siesta te mira de lejos, te analiza y con suerte te muestra su panza para que le hagas mimos. Si te mueve la cola, considerate un elegido.
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Mi cálculo de sumar una naranja era muy optimista, eran más bien tres o cuatro. Una nueva rutina encima de una rutina atada con alambre. No me importaba. Podrían haber sido dieciocho naranjas más y de todas maneras el placer de vivir por primera vez un amor incondicional borraba cualquier ojera.
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Les contaba de ella a los enfermeros a tal punto que uno me dijo que iba a tratar de dejarla pasar algún día. Los dos sabíamos que era mentira pero no importaba. Axel me avisó que tenía una bolita con sangre en la cola y le pedí que por favor la lleve a la veterinaria. Me enteré que era un tumor. “Quedate tranquila, no pasa nada” me decían. Según mi perspectiva, salir de ahí solo iba a tener sentido si zafábamos las dos.
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Ya no podía seguir haciéndome cargo de todo como antes, pero mi prioridad era cuidar de ella. No me habían sacado los puntos de la cabeza cuando empezamos a ir las dos juntas a las sesiones de quimioterapia. Me parecía increíble poder estar ahí, haciéndole mimos mientras la que tenía puesta una vía era ella.
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Pasaron un par de meses y nos quedamos solas. Durante largo rato salí de la cama solo porque me lo exigía, a las 8 de la mañana, mediante empujones y aullidos. Estábamos de duelo y se notaba. Yo lloraba y ella destruía todo lo que se acercaba a su hocico.
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Llegó a nuestra vida Agus, que nos enseñó a ambas a entendernos con premios y ejercicios. De a poco pude salir de casa sin miedo a encontrar un derrumbe a la vuelta. De a poco quise salir de casa a encontrarme con partes de mí que creía enterradas.
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Hoy hace un año que Siesta llegó a mi vida y me la cambió. Todos creen que tienen el mejor perro del mundo y todos tienen razón.
Siesta tiembla cuando algo le da miedo. Un montón de cosas le dan miedo porque tuvo que sobrevivir a humanos que dejaban mucho que desear. Vivió para correr y cuando no sirvió más la descartaron. Vivió como pudo en la calle hasta que la encontraron. Ahora vive conmigo y tiene que bancarse que le haga un bonete para festejar un cumpleaños que no es su cumpleaños porque no sabemos cuándo nació pero no importa, ella se deja poner el bonete y sacar la foto porque sabe que eso me hace feliz. Y yo lloro mientras escribo esto porque es la primera vez que siento que no necesito correr para merecer el amor de otro ser vivo.
Hasta la próxima
¡Hola! ¿Cómo estás?
Esta vez no tengo mucho más que acotar, es que estoy emocionada. Seguramente hoy celebremos en el parque, con sanguchitos de miga para mí y trocitos de hígado para ella.
Gracias por regalarme unos minutos de tu tiempo. Si alguna vez pensas en adoptar un animal, no lo dudes. Se te abre una parte del corazón que no sabías que tenías. Te mando un abrazo inmenso,
Maca




Al mío lo dejaron abandonado en el campo y desde hace 7 años es mi mejor amigo (se llama Pañuelo). Un saludo a las dos cumpleañeras.
yo tengo uno que encontré al borde de cruzar el arcoíris, y ahora estoy orgullosa y feliz de poderle dar la vida para la que nació, llena de amor, porque él es un flaco lleno de amor, que se le desborda por los ojos, no lo puede evitar. ❤️😭