Reliquias
10 cosas que me hicieron sonreír estas semanas.
Magnolia, la película. Tambien Magnolias, la canción.
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Entregué las primeras cinco cartas de Servicio Postal en mano. En breve te traigo noticias sobre eso.
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Fui al cine sola, por primera vez (en la vida).
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Corrí 3k por primera vez (desde que me resetearon).
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Vi ceibos en flor en la Reserva Ecológica y pensé en Mercedes. También me crucé un conejo negro. Escuché el ritmo de mis pisadas entre las piedras. Arranqué con la perorata de que quizás por el ritmo al que movía las piernas, el verbo “correr” me estaba quedando grande. Llevaba la botella de agua en la mano izquierda. Creí que se me iba a resbalar, que la fuerza no me iba a alcanzar para sostenerla todo el camino. En ese momento me di cuenta que el verbo correr me quedaba perfecto. Llegué a la entrada y estaba una de mis mejores amigas con su bebé. Lloré como si hubiese terminado una maratón. My own kind of maratón.
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Volví y me tomé unos mates a la distancia con Belu por videollamada. Me preguntó ¿por qué corres? ¿en qué pensas mientras corres? Le respondí que corro para demostrarme que estoy equivocada. En cada pisada una voz espantosa desde el fondo de mí misma me grita que no voy a llegar, que no voy a poder. Siempre, de una manera u otra, llego.
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Esta poesía que me compartió una amiga, justo cuando salía del cine:
Asombro
¿Por qué demasiado una persona?
¿Esta y no otra? ¿Y qué hago yo aquí?
¿Un día que es martes? ¿En casa y no en un nido?
¿En piel y no en una cáscara? ¿Con un rostro y no una hoja?
¿Por qué sólo una vez personalmente?
¿Precisamente en la tierra? ¿Junto a la pequeña estrella?
¿Después de tantas eras de ausencia?
Wislawa Szymborska
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Nunca pensé que una PPT podría ser tan útil. Me descostillé de risa.
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Que la vida insista una y otra vez en recordarme que todo llega cuando tiene que llegar sin que yo insista demasiado. Paso a detallar:
Hace dos años estaba en pleno proceso de reforma del departamento y vi un sillón verde en la página del vintage Soymicasa. Precioso, hecho a mi medida. Escribí desesperada pero no hubo caso, ya se lo habían llevado. A los dos días publicaron estas sillas que sí llegué a conseguir y me sacan una sonrisa cada vez que las veo.
En su lugar compré un sillón gris inmenso que nunca me dio alegría, más bien lo contrario, pero cumplía su función. El sábado pasado, mientras estaba en el recital de Dua Lipa, Siesta decidió hacer su propio concierto y reventó hasta el último pedacito de un asiento del armatoste gris. Llegué y la quise matar mientras ella me ponía su mejor cara de “no sé qué pasó, esto se explotó solito” que también se puede interpretar como un “no me arrepiento de nada”. El lunes compré un repuesto de goma espuma, con el objetivo de arreglarlo así nomás hasta volver a encontrar un sillón que me enamore.
El martes los de Soymicasa subieron una story a Instagram. Era el mismo sillón. Calcado. Escribí por WhatsApp, más desesperada aún que la primera vez. Pregunté el precio y empecé a hacer cálculos. Quizás económicamente no era la mejor decisión, pero quien no arriesga no gana y para disfrutar hay que hacer más de lo que se piensa. Si esta vez lo dejaba pasar me iba a arrepentir toda la vida, lo de Siesta tenía que ser una señal. Lo reservé, con el corazón en la boca, como si estuviese comprando una reliquia.
El día que me lo trajeron a casa, Gonzalo me mostró su Instagram. Tenía 50 consultas sin responder y sin embargo, el bendito sillón verde del que me había enamorado hacía dos años estaba ahí, al lado mío.

Solo tenía que esperar. Me parece mágico que las palabras de Caro que compartí en el Parsi de hace dos semanas de repente cobren tanto sentido. Habrá que seguir confiando, noma’.
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Hasta la próxima
¡Hola! ¿Cómo estás? ¿Que tal todo?
Por acá contenta, como viste tengo muchos motivos para andar sonriendo. Últimamente me está resultando natural aceptar con humildad que soy parte de un tablero mucho más amplio de lo que imagino, y cuyas piezas exceden a mi control. Hay algo más grande, aunque no sepa cómo nombrarlo. Mi eje en la vida es convertirme en el personaje de Guillermo del Toro en Una batalla tras otra (si, fue la peli que vi, recomendadísima). Ser una persona que no pierde la calma mientras espera el momento adecuado para hacer. Baila en medio del quilombo. Ayuda por el camino. Se ahorra los discursos y las moralejas.
Hace dos semanas inicié la comunidad de Parsi en Patreon. Estoy terminando de afinar cositas pero esta semana voy a compartir qué día va a ser el encuentro de este mes. El tema va a ser la incertidumbre. Te invito a ser parte de este pedacito vulnerable de internet, un espacio que va a permitirme seguir haciendo crecer este jardín del bien. Belu me dijo que le hice poco autobombo. Yo le dije que quiero que crezca despacito como este mismo newsletter, pero quizás en el fondo es un poco de vergüenza de autopromocionarme.
Gracias por dedicarme unos minutos de tu tiempo para leerme. No lo doy por sentado y eso también me hace sonreír. Un abrazo inmenso,
Maca



