Instantes de insensatez
Sobre los conflictos y las historias
Las imágenes, al igual que los textos, son nudos ciegos. Nudos ciegos para poder ver más allá, hacia el mundo.
Cada vez que algo llama mi atención siento que el universo me hace llegar todo lo que necesito para sumergirme en ese mundo nuevo. Hace unos meses empecé a tomar clases de guión. Se lo conté a alguien que sabe un montón de películas y me preguntó si tenía un objetivo. Contesté con un audio, riéndome:
—Obvio que no, no hablamos hace mucho pero eso no cambia, yo en mi puta vida aprendí algo sabiendo qué quería hacer con eso.
Cuando elegí estudiar diseño, cuando decidí meterme en UX, cuando empecé con el taller de literatura. No hay una meta, hay una intuición, un nosequé. Hoy le mandé este mensaje a un amigo que estudió cine:
En una de las clases el profesor nos dijo que los mitos fueron las primeras maneras en que la especie humana le dio una lógica a la arbitrariedad del mundo. Que narramos para entender nuestra propia entropía.
Que si no hay conflicto, no hay historia.
Necesitamos estar dispuestos a sacrificar todo lo que conocemos por ese instante de insensatez que nos dice que puede haber algo mejor. Algo se gana y, necesariamente, algo se pierde en cada historia.
Hay una frase muy cliché que dice que no estamos hechos de átomos, que estamos hechos de historias. Cuando pienso más de dos segundos en cualquiera de ambas posibilidades a mí se me eriza la piel: ¿Qué hizo que este rejunte de moléculas se vuelva este quilombo que soy? ¿Cuáles son esos mitos, esas fábulas, esos cuentos que me dan forma?
Hacen una fiesta de PPTs en un centro cultural cerca de mi casa. A mí me parece una idea hermosa, es más, quiero hacer una presentación sobre mi cerebro. Mis amigos me dicen que no, que hay mil cosas mejores para contar. Hoy en día literalmente tengo un hueco ahí adentro, un espacio de átomos que no se qué serán pero serán algo así como aire, y sin embargo la gente que me ama me dice que eso no es lo más interesante que tengo para compartir. Yo coincido, es más, en mi primer encuentro con mi profe de literatura le dije: «mirá, se me exploto el cerebro, pero lo importante viene antes y sigue después».
Sin embargo no lo olvido.
Cómo olvidarme, cuando tengo tres dedos dormidos todo el tiempo.
Cómo olvidarme, cuando me da vergüenza ir a cenar con gente que no conozco porque pienso que están mirando cuánto me cuesta cortar una milanesa.
Odio no poder olvidarme.
No quiero repetirme.
Me desespera encontrarme contándolo una y otra vez.
Y acá estoy, escribiendo sobre eso.
Otra vez.
A mi por lo general me chupa un huevo el fútbol pero este mundial tiene sabor a revancha. Es que la mayoría de los días del mundial anterior la pasé encerrada en mi habitación, durmiendo hasta el mediodía porque era la mejor estrategia que encontraba para evitarme a mí misma. Si estaba despierta lo único en lo que pensaba era en que me quería morir. Como mi psicólogo me hacía saber que si no estaba planificando maneras de ejecutarlo estábamos bien, yo pensaba que era una desagradecida. Había renunciado a una multinacional porque no daba más del burnout, pero era algo más hondo. El día que ganamos fue uno de los días más tristes de mi vida.
Este martes fue el primer partido de Argentina de este mundial. Dani hizo un guiso de lentejas y charlando con Ger me dí cuenta por qué no puedo olvidar: es que yo sé cómo se siente irse a dormir pensando en que quizás es tu última noche. No es una idea, es un recuerdo, así como el del abrazo que me di con Javi al recibirme o el del día soleado y frío en que conocí a Siesta en ese refugio de La Plata.
Esa noche, la que podría haber sido la última, me sentí aliviada.
¿Cómo se podría olvidar algo así?
Hace un par de semanas me hicieron una pregunta que me di cuenta que la ensayaron, o al menos la pensaron durante un rato largo, como si hubiesen elegido las palabras para evitar sonar mal. Fue algo así como:
—Ya sé que no es una opción, pero si pudieras… ¿Elegirías que vuelva a pasar?
Yo, que por lo general no aparto la mirada, agarré la copa de vino fuerte mientras miraba el libro de fotografía que estaba en la mesa ratona y dije:
—Pediría, por favor, que me pase antes.
La explosión fue el sacudón que necesitaba para liberarme de una vida que ya no quería seguir viviendo desde hacía años. Tuve romper lo poco que quedaba, desgarrarlo aunque doliera. Terminar de derrumbarlo con mis propias manos.
Lo que construí desde entonces me llena de gratitud, pero introduce la variable del miedo: si esa noche sucediese ahora, estaría furiosa. No quiero perder el día a día que vivo hoy y al mismo tiempo soy terriblemente consciente de que se puede esfumar de un momento a otro.
Está de moda que las cosas no te importen. A mi me importa todo mucho, me importan mis amistades y mi hermana y Siesta. Me importa la tipografía, me importan los espacios y los colores. Me importan los memes y los videos que nos mandamos con mis amigas. Me importa mi trabajo y el privilegio de reírme mientras me lo tomo muy en serio. Me importa la política y este mundo que se nos esta yendo a la mierda todo el tiempo. Me importa comer y tomar rico. Me importa hacer mil planes y buscar empanadas al menos una vez al mes. Me importa poder disfrazarme de viuda de Hockney para que no se me olvide que me importan los valientes. Me importa ser un espacio seguro para la gente que amo. Me importa Parsimonia. Me importa mi salud y por eso digo que no a cosas que me encantaría decir que sí.
No sé cómo va a salir este mundial. Ese resultado me importa poco, pero lo que sí me gustaría es a ir a la 9 de Julio con mis amigos esta vez. Quiero ese recuerdo. Los recuerdos me importan.
En Hamnet hay una escena que donde él le dice que no sabe poner en palabras lo que le pasa y ella le pide que le cuente una historia. Es eso. Narramos para que nos haga sentido la arbitrariedad del mundo que está hecho de átomos pero también está hecho de magia, a mí no me cabe ninguna duda. Me voy dando cuenta de que lo único que quiero es escuchar pentos y contarlos. En diferentes formas y con diferentes objetivos. No es fácil. No hay una receta. No queda otra que ponerle el alma y eso se nota, yo se que vos sabes que esto no lo escribió una IA. Es que eso no tiene sentido.
Ya no se nota. Ya corro, tomo vino y hablo a los gritos un sábado cualquiera. Si no me conoces nunca te lo imaginarías.
Pero no se me olvida.
Me alegra que no se me olvide.
Me hace sonreír saber que gracias a esa explosión, si me muero hoy, van a seguir brindando en tertulias en mi nombre.
La foto de esta edición
En qué ando
Leyendo. Terminé Léxico Familiar de Natalia Ginzburg y el tercer libro (!) de Harry Potter. En próximas entregas te cuento sobre eso. Por ahora sigo con estos en danza. Todos los días desayuno con una página de Art as therapy y mi nueva rutina me va encantando.
Escuchando. Fade into you suena en este momento en los random de Spotify. Muy otoño todo. Me gusta.
Viendo. The girl who cried pearls es un corto que habla de las historias. No me encantó, pero me dejó pensando.
Hasta la próxima
Buenas buenas, ¿cómo estás?
Yo estoy contenta, estoy escribiendo esto post paseo por San Telmo, un día de frío y sol. Siesta esta acá al lado mío, con su cabeza apoyada en mi pierna. Hace mucho que quería escribir sobre contar historias pero no sabía cómo. Una vez más, solo abrí la canilla y dejé el agua correr.
Mi primer acercamiento al séptimo arte fue pedir recomendaciones de pelis por acá hace un año. Me mandaron muchas y muy buenas, que sigo recopilando. La lista de “por ver” es una delicia, un montón de joyitas esperándome que me las regalaron personas que saben qué tipos de cosas disfruto. Espero que te sea útil si un día no sabes qué ver.
Te mando un abrazo inmenso. Estoy feliz de que Parsimonia sea parte tan importante de mi historia. Vos sos parte de eso, sin vos esto no existiría. No lo doy por sentado, gracias, siempre,
Maca





Maca, no sé como eso sea posible ya que no nos conocemos - o sí lo sé pero no quiero dejar tan en evidencia mi sensibilidad a tus textos- pero te quiero mucho. Gracias.
Hola Maca, esta semana trabajé (en una especie de arteterapia) sobre una situación muy critica de mi vida, que dejo una cicatriz en mi cuerpo y también en mi alma (y que no quiero que me defina, pero vuelvo a narrarla una y otra vez, cada vez mas espaciada, cada vez eligiendo mas cuando hacerlo, pero no puedo olvidarla). Un astrólogo me dijo que para poder dejar de definirme como esa herida tenia que cambiar mi narrativa, me hizo sentido. Lo hice un poco, empece a moderar esa parte de mi historia, y empece a sentir que me podía sentir mejor con una nueva forma de contarlo … te leo y me identifica, siento que es por ahí … Me pregunte que mensaje podía dejar esa cicatriz y la bordé “Volvería a pasar por esto”. Ese evento de mi vida me hizo ser quien soy ahora, y no quiero cambiarlo porque me gusta lo que paso después. Gracias por tu escrito, siempre es un placer leerte!