Mucho mas mía
Sobre las ficciones verosímiles
Ya no quería hacer, antes que nada, algo bello, sino real.
Annie Ernaux, La escritura como cuchillo
Amarillo
Siempre quise formar parte del grupo de los populares. Pero nací bicho raro y es sabido que ese tipo de insectos no comulgan en esos lugares. Para evitarme el dolor de que me aparten en el patio de la primaria aprendí a pasar los recreos a solas en la biblioteca. Tanto tiempo pasé en ese lugar que me cansé de releer cosas y terminé convenciendo a la hermana Benedicta de que me enseñe punto cruz en los huecos entre clase y clase. Así es como aprendí a bordar a los siete años.
Cuando comencé la secundaria llegó internet a mi vida. Ahí entendí que lo realmente cool vivía en Buenos Aires, se vestía con marcas que yo no podía pronunciar, iba a shoppings, al cine, a comer a restaurantes de moda. Eso era lo inalcanzable. En cambio, lo popular en mi contexto era factible de ser estudiado y replicado. Solo tenía que convencer a mi mamá de comprarme un par de remeras en el lugar de moda (y guardar las bolsas para usarlas cual cartera), fingir que me gustaba tomar alcohol (hasta que le tomé el gustito en serio) e ir a pasar las tardes de los domingos al centro. Para el segundo año de secundario ya enfilaba bien mi proyecto. En el tercero estaba adentro. El cuarto salía todos los sábados y era parte de la ronda de los NSG, cumbre de la pirámide social con sus 4x4 afuera del boliche. Cuando llegó el quinto año me cansé, mandé a todo el mundo a la mierda y de pedo fui a mi propia fiesta de colación.
Me fui a estudiar a Santa Fe capital. Abracé mi parte nerd pero sin embargo en el fondo seguía el germen de querer ser parte. Llegó Instagram a nuestras vidas y volví a aprender rápidamente cuáles eran los códigos necesarios para mostrarse cool aunque no lo fueras, tal como había hecho en la secundaria. Un amigo que era parte del pico de la pirámide me llamó a trabajar en UX, lo último en diseño del momento.
Me mudé a Buenos Aires. Apenas terminó la pandemia fui a cuanto restaurant de moda pude. Conocí a personas ultra-mega-archi-cool, gente que esta orgullosa de no tomar mate o de conocer 45 países pero no haber pisado un destino del norte argentino. Me di cuenta que tenía que esforzarme el doble para poder pertenecer porque no pronuncio amarisho sino amarillo, tengo casi veinte años de tierra colorada en los pies y un color de piel que trasluce rápidamente mi sangre guaraní.
Ciencia ficción
Soy una persona nostálgica. Me gusta volver a ver fotos, recordar anécdotas, contar las historias que hacen de mí quien soy. Desnudar lo que está debajo de la línea de flotación del iceberg. Me regalaron Niñapájaroglaciar en papel y lo llevé a Brasil a acompañarme a celebrar este año nuevo. Lo releí por cuarta o quinta vez. Por fin pude rayarlo por completo.
Recordé que la primera vez que lo leí, en ese momento en el Kindle, era también año nuevo, en vacaciones, frente al agua. Amo las coincidencias, ya no se si yo las busco o ellas vienen a mí. Mi familia había organizado para pasar las fiestas en Bariloche en una cabaña con vista al lago de un amigo de mi papá, que también tiene la suerte de tener su propio velero. Aunque podía gozar de una semana de arriba en medio del paraíso yo organicé para llegar el 30 a la noche e irnos el 2 a la mañana, a pesar de los berrinches de todo el mundo. Tres días solía ser el límite, aunque por lo general todo se desmadraba a las horas de reencontrarnos. Esta vez cuando llegamos la bomba ya había explotado, nos recibieron caras largas.
Volví a ver el carrete del iPhone y encontré las fotos mas mentirosas del mundo. Una escalerita de piedra con margaritas directo al lago. Un velero impoluto. Ese turquesa del agua. Entre todo ese set de película mi tristeza era tan honda como el Nahuel Huapi. En ese momento mandé este Parsimonia, donde reclamaba mi derecho a ser quien era.

Me sentí una farsante. Subía estas cosas a Instagram fingiendo felicidad absoluta y resultaba muy verosímil. Me quedé pensando en eso. ¿Qué estaba tratando de lograr? Probablemente que me admiren, que piensen «qué bien Maca, que vida preciosa que tiene». Sentirme parte. Sobre todo, mentirme a mi misma, darme evidencia de que no debía sentirme tan triste si tenía tantos privilegios. Es muy fácil escribir ficciones verosímiles cuando uno tiene un par de elementos reales a mano.
Como ese cumpleaños fastuoso de mi papá sobre el que leí un relato que omitía absolutamente todo el caos y el llanto y los gritos. Unas semanas antes había vuelto a tomar medicación psiquiátrica para poder soportar tanta incoherencia. Cuando llegué a mi casa de Misiones, en medio de toda la gente, empecé a mezclar los antidepresivos con champagne para que se me alborote el juicio y lograr que mi cuerpo se olvide que era el último lugar del mundo en el que quería estar.
Sacando mis emojis bordados, mi Instagram de ese momento era una película de ciencia ficción. Parsimonia siempre fue otra cosa, acá si contaba que tenía problemas de salud mental, que no sabía bien quién era ni qué quería. En el tercer envío ya escribía cosas como estas:
Yo soy... (en realidad quiero pensar que fui) una persona muy preocupada por cuál era la imagen que los demás tenían de mí. De algún modo creo que quería sostener una imagen idealizada de niña nerd que hacía todo bien cuando en realidad todos estamos haciendo lo mejor que podemos y por el camino metemos mucho la pata.
Galletitas de agua
El 2025 fue el año menos cool de mi existencia, por lejos. Una amiga que amo me dijo que con el drama que atravesé los guionistas de Avenida Brasil te arman tres meses de tira diaria. Lo que me llama la atención es que no necesité medicación para atravesar semejante maremoto. Abrir Instagram no me da ansiedad. Resulta ser que, explosión cerebral mediante, me di cuenta que ya no quiero ser parte. Mi necesidad de ser cool es inversamente proporcional a mi falta de vergüenza.
Desde el año pasado vengo investigando y escribiendo acerca del concepto de jardines digitales, lo cual me hace reflexionar acerca del lugar que ocupo yo en Internet y del espacio que este océano de bits ocupa en mí. Me siento a contramano del mundo. No estoy sosteniendo una narrativa, no estoy siguiendo una estética, no estoy pretendiendo que nadie crea que me conoce solo por ver lo que subo a Instagram. A veces me da risa porque te subo 34 stories cosiendo una pollera que, digamos todo, a nadie en el mundo le importa. Bueno, mejor dicho: solo a mi me importa.
En caso de verbalizar un objetivo, mi idea es usar Internet como soporte para mostrar mis procesos además de mis resultados, donde dejar registro de mi día a día. Yo sé que hay un recorte, como en este espacio. Soy consciente que decido no mostrar una foto mía llorando con todo el maquillaje corrido mientras preparo caipirinhas porque solo mis mejores amigos tienen el privilegio de ver ese meme1. Pero en general quiero usar mis redes sociales como una señora de 80 años porque ninguno de nosotros es tan importante, nadie nos presta tanta atención, ni que fuéramos Dua Lipa.

Ya no me importa tener fotos increíbles. No pretendo escribir algo que valga la pena. Mis dibujos son para recordarme de que puedo mover la mano, no para llegar a una muestra o un museo. No uso ChatGPT. Es más, la primera vez que lo usé fue por medio de la cuenta de alguien más y como la LLM me recomendó libros que no existían me enojé y nunca creé mi usuario. ¿Puedo estar perdiendo el tiempo queriendo hacer todo yo? Probablemente. ¿Este texto debe tener errores de sintaxis? Por supuesto. ¿Esto es posible porque no estoy trabajando en tecnología hoy en día? Seguramente. El día que tenga que empezar a usarlo lo haré, pero mientras tanto quiero vivir en carne propia los procesos por difíciles que sean2.
Creo que por eso Parsimonia es un espacio sagrado para mí. Acá intento contar mi verdad. Una verdad que se me escapa de las manos todo el tiempo porque es mucho mas fácil contar las cosas con el diario del lunes que tratar de describir lo que me pasa en el momento. Puedo contradecirme porque puedo cambiar, aprender cosas, tener mas contexto. Pero no quiero mentir. Porque esto yo lo hago por y para mí, y elijo compartirlo con vos. No lo hago para que vos te comas una idealización de mi vida. No me serviría de nada. Para lo que no quiero compartir está mi diario, donde escribo a mano un nivel impresionante de cursilerías dramáticas y lamentables, donde dejo salir a la quinceañera romántica incurable que soy. Niña piscis, diría Agos.
Apenas terminé Niñapájaroglaciar empecé La escritura como un cuchillo de Annie Ernaux. Me encantaron estas líneas:
La certeza que la literatura, cuando es conocimiento, cuando va hasta el final de una búsqueda, es liberadora […] Es el sentido que retengo, fuera de todo contexto religioso, de la exhortación de Jesucristo a los fariseos: «La verdad os hará libres»3.
Aprendí de la peor manera que no hay mejor presente que el que estoy viviendo ahora. Quizás ya no obnubilo a nadie. No tengo todo. Pero lo que hay me alcanza y me sobra. El lujo para mí es ser mucho más mía que antes.
La ilustración de esta edición
En qué ando
Leyendo. Listening as alchemy es un ensayo que me crucé en Swiss Miss, uno de mis rincones preferidos de internet. Me hizo pensar que es una habilidad que no tengo tan afinada.
Escuchando. Géminis playlist de Agos. Dios, de Arcade Fire a Julio Iglesias en dos canciones. Tengo las mejores amigas del universo entero y no tengo dudas acerca de eso.
Viendo. Anoche vi Marty Supreme en el cine. Una joya, pero yo salí con ganas de vomitar. Los golpes siempre vienen de donde menos lo esperas.
Hasta la próxima
Buenas buenas, ¿cómo estás?
Resulta que ahora todo se dio vuelta y cuando me dicen que soy cool lo tomo prácticamente como un insulto. Me da vergüenza lo mucho que se me pegaron las costumbres palermitanas. Ya no pertenezco a ningún lugar. O como diría mi amigo Drexler, «de ningún lado del todo y de todos lados un poco». Correntina, misionera, santafesina, porteña. Andá a saber qué lugares me depara la vida o si acá se corta esa lista. Hablando de Jorgito, sacó nuevo disco y para mí es como un regalo de cumple atrasado. Por favor. Qué cosa hermosa Taracá. Lo tengo en un loop constante desde el viernes a la mañana.
Por otro lado me sacó una sonrisa leer el mail de Bariloche y ver que el universo me cumplió mi deseo de tener el libro en físico, fiel a mi teoría del sillón verde. Solo tuve que esperar dos añitos. Al mismo tiempo, me entristece saber que el Fausto que me preocupaba en 2024 efectivamente está rifando todos nuestros lagos y la derecha esta teniendo cada día más espacio para decir barbaridades.
Dos de las fotos de este envío las tomé con una cámara analógica que aprendí a usar en un workshop de Pablo Caro. En algún envío te quiero hablar más de eso, pero hoy solo quiero decirte que este jueves empieza un taller de 8 clases online de fotografía. Yo ya estoy anotada, ¿alguien más tiene ganas? Esto es 100% desinteresado (o en realidad le pregunté tantas huevadas por WhatsApp a Pablo que esta es mi manera de devolver tanta generosidad).
Un abrazo inmenso como un iceberg,
Maca
Esto lo escribí a mediados de enero. Al final resulta que sí subí la foto de la caipirinha, la pueden ver aca.
No tengo cuenta en ChatGPT, pero estoy usando Claude Code casi a diario, droga de la que quiero contarte más adelante.
Faaaaaaa ya hace dos meses elegía párrafos gachipachi.




Hola, para que te cuento estoy en uno de los momentos más dolorosos de mi vida. Físicamente, y mentalmente. A mediados de febrero tuve dos cirugías al mismo tiempo. Cuatro de mis espinas dorsal fueron intervenidas. Dos a reconstruirles y dos para mejorarles. Hasta ahora no estoy clara. Lo único que sé es que el médico y el hospital son de los mejores pero no quiere decir nada contra el dolor. Duele como no te imaginas. No todo el tiempo pero cuando duele duele. La primera semana después de la cirugía, el personal de enfermería se les olvidó decirme que cuando tenga dolor, yo, tenía que pedir la medicina para el dolor. Nunca les voy a perdonar por ese error y apenas tenga fuerzas voy a hacer un escándalo para que no vuelva a suceder esto a otra persona. Por ahora estoy haciendo todo lo que el médico me dice que haga para una pronta recuperación. Aquí en este país (gringolandia) el truco es tener un buen seguro y yo tengo el mejor. Siempre he dicho, la gente tienen joyas, pieles, carros y yo el mejor seguro. Imagínate que me mandaron un bone growth stimulator. Lo uso por 2 horas cada día. Bueno ya me saqué un poco la piedra. Cuídate para que nunca tengas que tener esta clase de cirugía.