Toco madera
Sobre los pequeños milagros cotidianos
Sabía que iba a pasar pero no sabía cuándo
No vemos a dónde vamos, pero vamos acelerando
Mi hermana nació cuando yo tenía cuatro años. Cuando entendí que no había posibilidad de devolverla o matarla (opción que medité y comenté, por lo cual tuve un par de visitas a la psicopedagoga) pasé a amarla. Me encantaba enseñarle cosas y jugar con ella pero no quería que se me note tanto. Trataba de marcar las diferencias, mi autoestima frágil no me permitía salirme de las líneas como ella, que se la pasaba en el patio jugando con Camila mientras yo tragaba libros sin parar.
La mayor diferencia entre ambas se manifestó muy temprano: ella, sin siquiera poder hablar, rezaba. La leyenda familiar predica que una vez pasó un tornado cerca del pueblo y a la Coty la encontraron arrodillada balbuceando. Vengo de una familia muy religiosa de ambos lados. Misa todos los domingos. Estampitas pegadas en todos los autos. Viajes a la Basílica de Itatí por cada buena noticia.
Yo, en cambio, obsesionada con el videojuego de Mi pequeño cuerpo humano discutía a la catequista del colegio cuando nos hablaba de la paloma y María y la concepción divina. Si no hay espermatozoide no hay cigoto, esto que nos estan diciendo es cualquier cosa. Lo del agua y el vino. Que se abran las aguas. Todas mentiras. Lo que sí es verdad es que la Iglesia viene financiando guerras desde que arrancó. Que nos robaron una cantidad de oro impresionante cuando se les ocurrió «descubrir» Latinoamérica. Que se andan guardando unos cuantos secretos entre los curas sobre abusar niños.
En el fondo la envidiaba profundamente. Quién pudiera rezar un Avemaría y descansar. Creer que hay algo allá arriba que te cuida. Algo mucho más grande que vos. A mí, en cambio, me invitaron a retirarme de confirmación de manera muy cortés. Creo que soy la primera y única persona de la familia en no recibir ese sacramento. La oveja atea.
De todas maneras las coincidencias en mi vida siempre abundaron. Gente que se cruzaba en el momento justo, regalos que recibía como por arte de magia, palabras que parecían puestas a propósito pero que no tenían explicación racional. Yo prestaba atención pero les quitaba importancia porque abrir esa puerta era entrar en una dimensión que no se regía por las reglas que yo conocía, tan ordenaditas y medidas como me gustaban a mí.
Todo el mundo piensa que hay algo mejor ahí fuera
No importa cuál es la meta, solo ganar la carrera
Hace un par de envíos conté sobre mi baño de humildad después de la operación. Apenas salí armé este post en Instagram para agradecer. Yanel me contestó al toque: «ay nena, no entendés nada, la fe iba primero» (vaya uno a saber por qué le puse acento a fe en la imagen, me arrepiento al día de hoy 😂). Esta amiga compartió un juego hermoso conmigo mientras estaba internada: yo le mandaba una palabra por día y ella la dibujaba. Cuando la volví a ver después de zafar me los regaló a todos. Uno de mis tesoros mas preciados.
No recuerdo si ya lo mencioné, pero este mail lo escribí y lo mandé desde terapia intensiva. Me impresiona mi mirada y las palabras que elegí en ese momento. Es una de las recopilaciones más luminosas que hice y yo estaba conectada a un monitor que no dejaba de sonar. Recuerdo estar escribiendo en el iPad pensando que si no tenía suerte, sería el último Parsimonia que viera el mundo. La lista de nombres arranca por los enfermeros y enfermeras que iban pasando a verme. Tres turnos por día. Después del punto, arrancan los nombres de los médicos. Lo inadvertido que pasa en ese punteo el hecho de estar al lado de la muerte. Que la palabra que inspiró ese sol que dibujó Yan y que tengo pegado en el altar del que hablé en el último envío sea vida.
No me preguntes cómo pero yo, en el fondo, siempre supe que salía viva de esa. Cuando esta cosa de «sé que esto va a pasar pero no se cómo» se cumple siempre me desconcierta. Cuando depende de mí me es más fácil justificarlo: con mi amigo el Corren siempre nos reímos porque cuando se me pone algo en la cabeza lo logro, así pasen años por el medio y cuatro versiones de mi misma. Pero a veces pasa con cosas que exceden a mi control. Desde que llegó el sillón de mis sueños a mi hogar yo lo llamo la teoría del Sillón Verde.
Que suene una canción de repente en la obra frente a casa. Cruzarte con una palabra en la calle. Que Siesta se ponga a jugar con una perra que tiene el mismo nombre que mi primer mascota y que su dueña se llame Rosa. Que en la plaza que la llevo a pasear todas las mañanas haya un árbol de la flor que me quiero tatuar con mi hermana, el mismo tipo de árbol que había detrás de nuestra casita de juegos de la infancia.
Quizás es solo tener tiempo de vivir en el cuerpo y no en la cabeza. Quizás como en ese sueño, ser feliz es prestar atención. Escribo esto, busco el link y me doy cuenta que la primer frase de ese mail es de Yanel. Parece joda. Otro pequeño milagro cotidiano.
Traías el alma empapada, pero la pólvora seca
Y entraste en mi vida como Pancho Villa en Zacatecas
No tengo claro si sos mi guardia o mi carcelera
Yo no era supersticioso, pero hoy no soy lo que era
Y por las dudas
Yo toco madera, toco madera
Yo toco madera, toco madera (cábala y clave)
Yo toco madera, toco madera
Quizás mi vara está muy baja, quizás vos leas esto y digas bueno Maca, no es que te estás cruzando con los números ganadores de la lotería, son boludeces. Sí, son pelotudeces. Significan un montón para mi? También. Quizás todos estamos tratando de tirarle este quilombo a algo más, ojo. No dejo de pensar que Rosalía sacó un álbum vestida de monja (y hace unas horas se presentó en vivo con Björk cantando «the only way to save us is through divine intervention») y que Paquito y Catriel estrenaron una canción que se llama Hasta Jesús tuvo un mal día (que está genial y me mata de risa la letra).
Ya no me importa poder explicar las cosas desde una perspectiva racional. Andar buscando coincidencias me hace mucho más feliz, qué decirte. ¿Muy gachi-pachi todo? Y bueno, que se yo. Cada uno se divierte como quiere. No me veo practicando una religión, pero charlando con José le dije algo así como «no sé en qué creo, pero creo que hay algo más grande que nosotros». Una filosofía más cercana a la dedicatoria de Sagan a Annie: lo milagrosas que son las coincidencias en la vastedad del tiempo y el espacio, más allá de cualquier dogma. «La bendición de tener algo en que creer» me dijo alguien con quien las casualidades abundan.
La semana pasada me hicieron la primera resonancia después de la operación. Estaba muerta de miedo y para colmo se cortó la luz en el medio del estudio y tuvieron que arrancarlo de vuelta. Casi una hora de corrido metida un sarcófago con una máscara de Iron Man tapándome la cara mientras escuchaba disparos de diferente calibre de manera constante. El universo se encargó de hacerme saber que todo iba a estar bien y tuve una videollamada con mi hermana diez minutos después de recibir un video que me hizo emocionar hasta los huesos:
—Es que no entiendo cómo pasan estas cosas, gorda —dije con la cara roja, hinchada de mocos.
—Por fin se te despertó la fe! —me contestó, riéndose.
La foto de esta edición
En qué ando
Leyendo. The practice de Seth Godin. Terminé este libro esta semana y me inspiró tantísimo a dejar de procrastinar mil cosas. Me duele que no esté la traducción al español todavía.
Escuchando. Toco madera es el tema del que salen todas las citas de esta carta. Jorge siempre musicalizando mi vida en el momento justo. Gracias al universo por habernos regalado a Drexler.
Viendo. Hamnet. Fui al cine con Agos este martes y salimos ambas emocionadas con esta obra de arte. Si la agarran en el cine no se la pierdan, por favor. Prometo escribir sobre esto más adelante.
Hasta la próxima
Buenas buenas, ¿cómo estás?
Escribí este mail el martes y miércoles. Se lo compartí a Yan y hoy, sábado, nos dimos cuenta de una coincidencia más. Ahora, siempre, elijo creer ❤️ Otra casualidad hermosa es encontrarnos juntos en la ciudad de la furia con Augusto. Resulta que escribe hermoso y tiene su propio newsletter. Yo que vos me anoto.
Por el camino, haciendo caso al libro de Seth, decidí compartirte el sitio de Parsimonia que vengo armando desde hace años. Sí, literalmente. Siempre lo agarro, lo mejoro, le cambio mil cosas, lo dejo por la mitad. Seguro que vas a encontrar muchos errores. Abrilo desde la compu. Pero bueno, si no lo muestro así como está ahora no lo voy a terminar nunca. Soy hija del rigor. Va a ser un espacio vivo como este propio newsletter, lo vamos a ir atando con alambre a medida que pase el tiempo.
Muchas veces me olvido de lo que me dejé dicho a mí misma en algún momento, así que cierro citándome, porque ¿quién me puede venir a decir algo, no?
Espero que tengas una semana llena de cosas que te hagan sonreír. No des por sentado lo feliz que te puede poner hacer algo chiquito como unos mates en la plaza, un café con algo rico, unas cervezas con amigos. También es un lindo momento para recordar que eso que nos estresa seguramente no sea tan importante como nuestra cabeza trata de hacernos creer.
Siempre voy a estar agradecida a la casualidad de haber empezado a escribir un newsletter que un poco me salvó la vida.
Un abrazo inmenso,
Maca





Hermoso como siempre 😍